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DEPORTES

El CRISOL de nacionalidades de Francia en Qatar 2022: la ascendencia de sus jugadores

Con un pasado xenófobo, el actual plantel de Les Bleus presenta una combinación de nacionalidades que, desde 1998, fue cada vez más característica del seleccionado.

Días antes de la final del Mundial de Francia 1998, el diario Le Figaro lanzaba una frase contundente respecto de lo que sería el duelo de los locales contra Brasil en el partido definitorio: «Un gol ganador de (Zinedine) Zidane en la final del Mundial tendría más impacto en los guetos que diez años de políticas municipales». La xenofobia ha sido siempre una problemática presente en Europa, pero en aquella sociedad francesa de 1998 estaba muy presente, hasta con un Jean Marie Le Pen que descalificaba al equipo nacional por la cantidad.

de descendientes de inmigrantes que presentaban en esa Copa del Mundo. Lo cierto es que ese gol llegó -dos, en realidad-, Francia fue campeón del mundo con un equipo de negros, blancos y árabes («Black-blanc-beur», por su denominación en francés) y hoy el equipo galo presenta un verdadero crisol de nacionalidades en su plantel para disputar la final del Mundial de Qatar 2022 ante la Selección Argentina.

Como sucede con muchos países europeos, Francia es sinónimo de colonialismo. A lo largo y ancho del mundo, incluso a distancias insólitas, existen colonias francesas, actuales y ya independizadas. Eso derivó en generaciones enteras de futbolistas que presentan pasaporte francés, pero hijos de ciudadanos nacidos en aquellas colonias. Los 26 futbolistas convocados por Didier Deschamps para Qatar 2022 no son la excepción: tan solo cuatro jugadores son descendientes de padres nacidos en Francia. ¿Quiénes son esos cuatro jugadores? Benjamin Pavard, Adrien Rabiot, Jordan Beretout y Olivier Giroud. El resto, hijos de la inmigración, como sucede en tantos otros países del mundo.

Si se analiza el plantel de Francia en el actual Mundial, el principal nexo inmigratorio está vinculado con África. La mayoría de los jugadores de Les Bleus son hijos de africanos o directamente han nacido en territorio africano. Así, los casos de Eduardo Camavinga (nacido en Angola e hijo de padres refugiados de República del Congo), Steve Mandanda (nacido en República Democrática del Congo, como sus padres), Axel Disasi, Randal Kolo Muani y hasta el desafectado Christopher Nkunku (todos, hijos de padres de Rep. Democrática del Congo).

El listado de jugadores con padres africanos no termina ahí: también están los casos de Youssouf Fofana, Ibrahima Konaté (ambos con padres de Malí), Dayot Upamecano (Guinea-Bissau), Aurélien Tchouameni (Camerún), Ousmane Dembélé (padre de Malí y madre con ascendencia de Senegal y Mauritania) y hasta Kylian Mbappé (padre de Camerún y madre de Argelia). El delantero Karim Benzema, desafectado previo al Mundial por una lesión, es hijo de padre argelino y madre francesa con ascendencia argelina. El defensor Joules Koundé, por su parte, tiene a su padre nacido en Benín, mientras que la madre de William Saliba es de Camerún y su padre es francés con ascendencia libanesa. Hasta Mattéo Guendouzi podría.

haber jugado para otro país, siendo que su padre es marroquí y el seleccionado de aquel país lo tentó para unirse a sus filas.

Algunos casos un poco más curiosos podrían ser los del arquero Alphonse Areola, cuyos padres son de Filipinas; Kinglsey Coman y Marcus Thuram, hijos de padres de la Isla de Guadalupe (sur del Caribe); Raphaël Varane, cuyos padre nació en la Isla de Martinica; Antoine Griezmann, nieto de un portugués; Hugo Lloris, nieto de un español; y los hermanos Lucas y Theo Hernández, cuyo padre presenta raíces españolas.

Para el Mundial de Francia 1998, la selección local presentó un equipo atípico. Es que el mismo tenía a muchos jugadores con ascendencia inmigratoria. De los 22 jugadores que convocó Aimé Jaquet para ese Mundial, 15 jugadores eran descendientes de inmigrantes, provenientes de territorios de ultramar o con ascendencia en otro país. Allí, se destacaban los casos de Zinedine Zidane, Marcel Desailly, Patrick Vieira, David Trezeguet, Youri Djorkaeff, Liliam Thuram, Thierry Henry y Robert Pires, entre otros.

Previo a esa cita mundialista, el entonces líder del xenófobo Frente Nacional había despotricado contra el equipo, en 1996: «Es artificial que hagamos venir a jugadores extranjeros para bautizarlos como equipo de Francia. La mayoría no la canta o visiblemente no se saben La Marsellesa». La respuesta de Jaquet no se hizo esperar: «No respondo a un payaso ni a cosas grotescas».

Curiosamente, la descalificación que realizó Le Pen no fue la misma que le dirigió a Michel Platini cuando en 2010 confesó que nunca cantó La Marsellesa. «Nunca lo hice. Que no la cantes no significa que no te puedas sentir profundamente francés«, sostuvo el exquisito exfutbolista francés. Nadie le dijo nada.

Lo cierto es que pese a que en 1997 una encuesta de la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos del Hombre determinó que «el 58 por ciento de los franceses se declaraban ‘racistas’ o ‘tentados por el racismo'», el combinado galo avanzó y lo hizo a paso firme en el Mundial de 1998. Así, los tradicionales colores azul, blanco y rojo de la bandera francesa (Bleu-blanc-rouge, en francés) dieron lugar a otra bandera, con un significado más profundo: la del negro africano, el blanco europeo y el moreno magrebí, Black-blanc-beur.

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