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ARGENTINA

Sorpresas censales: Inglaterra 1801, la Argentina 2022

¿Tantos?, fue la primera reacción que suscitó enterarnos de que, según los primeros cómputos del Indec, el 18 de mayo pasado habitaban el territorio argentino por lo menos 47.237.407 seres humanos. Digo por lo menos, porque algunos no pudieron ser censados en ese día; aunque nadie espera que el cómputo final difiera mucho del número dado a conocer. ¿No era que los argentinos se estaban yendo de su país natal? Esta es una de las muchas preguntas que genera el referido guarismo.

Para entender esto y ponerlo en perspectiva histórica consulté al inglés Ernest Francis Penrose (1895-1984), quien entre 1925 y 1930 trabajó en Japón, a continuación en el Instituto de Investigaciones Alimentarias de Stanford, y entre 1938 y 1941 fue jefe de la sección económica de la Oficina Internacional del Trabajo. Se casó con su exalumna Edith Elura Tilton, también economista. Alfred Marshall, Frank Hyneman Knight, John Hrothgar Habakkuk, Vincent Albert Ostrom y Juan Verlarde Fuentes también se casaron con alumnas suyas. El contraejemplo es Emmanuel Macron, quien se casó con Brigitte, una de sus profesoras.
–¿Cómo fue que aterrizó en Japón en la segunda mitad de la década de 1920?

–Encontrarme viajando hacia Japón, en 1925, 6 meses después de haber completado los exámenes en Cambridge, fue un hecho inesperado y sorprendente. El viaje, en un barco de carga, duró 45 días. Alguien le pidió a Dennis Holms Robertson un candidato para enseñar en una Escuela de Comercio de Nagoya. La propuesta me atrajo de inmediato, pero mi familia se opuso; en particular, mis padres, que tenían edad avanzada. Entonces, apliqué para la Universidad Nottingham, pero fui rechazado. Lo cual me puso muy contento, y telegrafié a Japón aceptando.

–¿Qué recuerda de la experiencia?

–En Nagoya encontré, afortunadamente, una máquina de calcular eléctrica. En el plano estadístico enfrenté grandes dificultades por la falta de datos. A los actuales estadísticos les debe resultar difícil imaginar el tedio que significaba el trabajo estadístico hace 60 años; me pasaba 12 horas diarias frente a la máquina, y cada tanto tenía que parar para que se enfriara. Volqué el resultado de mis investigaciones demográficas en Teorías de la población y su aplicación, con especial referencia a Japón.

–Se conocieron los primeros cómputos del censo realizado en la Argentina el pasado 18 de mayo. Ayúdenos a interpretar estos datos.

–Comencemos por despejar el campo operatorio. Un censo compila la información referida al universo, es decir, a la totalidad; pero en la práctica no es perfecto: algunas personas no son censadas, algunos formularios se extravían, etcétera. Pero el tratamiento periodístico de las referidas falencias exagera. Un periodista afirmó que se había censado a la mitad de la población, ¿Puede alguien creer que en la Argentina habitan hoy más de 90 millones de seres humanos?

–Acepto, entonces, que la cifra final será muy poco superior a la publicada. Pero resulta que esta última sorprendió por lo alta.

–Permítame sintetizar un ejemplo clásico en la materia. Thomas Robert Malthus publicó la primera edición de su Ensayo sobre el principio de la población, de manera anónima, en 1798, y allí planteó la cuestión, en terminología moderna, de la “explosión demográfica”. La obra pasó desapercibida, pero tres años más tarde el Reino Unido confeccionó el primer censo de población, y encontró que los ingleses eran bastante más de lo que se creía.

–Me imagino la reacción de Malthus, cuando el dato lo catapultó a la fama.

–Muy probablemente, a quien le pasó el dato le debe haber dicho: “Te dije, pibe” (no fue grosero, porque era sacerdote). Por experiencia parroquial, o por conversaciones con sus colegas, conocía la evolución de los nacimientos, matrimonios y fallecimientos que se estaban verificando en su país. La misma sorpresa debe estar ocurriendo en la Argentina 2022.
–Efectivamente, porque en términos de tasas de crecimiento poblacional, está a contrapelo de las tendencias locales, y también mundiales.

–Así es. Antes del actual, la Argentina hizo censos en 1869, 1895, 1914, 1947, 1960, 1970, 1980, 1991, 2001 y 2010. Y salvo entre 1895 y 1914, como consecuencia de la fuerte inmigración, las tasas intercensales de crecimiento de la población fueron decrecientes. Un 3,22% equivalente anual entre 1869 y 1895, 3,70%, 2,15%, 1,79%, 1,56%, 1,78%, 1,44%, 1,06% y 1,11%, respectivamente. En este contexto, 1,39% entre 2010 y 2022 fue una sorpresa.

–¿Debida a qué?

–Hasta que se publiquen los datos desagregados, por localización, país de nacimiento, etcétera, es todo puramente conjetural. Que opinen quienes cuentan con información más específica. Solo indico que la sorpresa fue mayor porque en la Argentina se habla de “toda la gente que está migrando al exterior”. El censo sugiere que en términos cuantitativos el hecho no es numéricamente significativo, aunque puede serlo por las características educativas y ocupacionales de quienes emigran.

–El dato también está a contrapelo de las tendencias mundiales.

–Efectivamente. Durante la década de 1960 era frecuente en los países en vías de desarrollo que la población creciese más de 3% anual, y que quienes pensaban acelerar el crecimiento económico de países como la India condicionaran la ayuda internacional a programas masivos de esterilización.

–El temor malthusiano por la explosión demográfica, felizmente, no se concretó.

–Durante muchos siglos el crecimiento poblacional fue muy lento, porque coexistían altas tasas de natalidad y de mortalidad. La mejora en la higiene y la alimentación redujo fuertemente la tasa de mortalidad, sin afectar la otra. Esto fue lo que provocó la explosión demográfica. Pero los anticonceptivos y el aumento de los ingresos laborales de las mujeres disminuyeron la tasa de natalidad. Hoy la población mundial está creciendo mucho menos que antes, y en algunos países está disminuyendo en términos absolutos.

–Pero como esto ocurre a diferentes tasas genera migraciones internacionales.

–Buen punto. Diferenciemos los desplazamientos generados en guerras, o en tiranías. Los mexicanos que migran a Estados Unidos no están escapando de la asfixia política que genera el gobierno presidido por Andrés Manuel López Obrador, sino que quieren mejorar su situación económica. Ningún argentino que solo habla español se muere de hambre en Estados Unidos, porque muy probablemente el mozo o quien lava los platos es mexicano y lo puede ayudar. En una palabra, la migración internacional de seres humanos es inexorable; hay que tratar de que resulte digna desde el punto de vista humano.

–Algunos sostienen que para que la Argentina se desarrolle debería aumentar fuertemente su población.

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